El 1 de enero transcurrió entre resaca, familia, comida y siesta en el sofá. Y tras sobrevivir a ese día fantasma del calendario (que ya es mucho), llegó el segundo del año: entre quitarme las legañas tras el madrugón, regresar al trabajo e intentar esquivar una gripe que me llevaba acechándome desde el último día del pasado año, logré imponerme unos propósitos de año nuevo (que empecé incumpliendo desde el primer día ya que no fui al gimnasio aunque, como pacté con una amiga, el año arranca tras las Navidades y éstas acaban con el roscón de reyes).
Hoy, día 3, tras un sueño reparador me he levantado como nueva y con toda la energía necesaria para afrontar este ¡Feliz 2012! Pero entonces el día ha decidido sacarme la lengua. Camino al trabajo, a las 7 y media de la mañana, feliz en mi coche, con mis Berri Txarrak sonando... ¡pinchazo! Vaya suerte la mía, sexto pinchazo ¡¡en cuatro años!!
Un buen rato después y con un coche que no es mío consigo llegar (tarde) al trabajo. No llevaba mucho rato sentada y una llamada. La voz al otro lado del teléfono me dice que estamos dentro de plazo para recibir la ayuda del alquiler que nuestro querido y admirado presssssidente ha decidido quitar a partir de este 2012. Nos libramos, por los pelos, pero nos libramos. Sólo falta recibir la dichosa cartita de aceptación (que llegará, más les vale) y ya luego, si eso, la pasta.
Ya le he dado la vuelta a la tortilla, DÍA. Ahora te saco la lengua yo a ti. Y ya vuelvo a ser feliz y tener mi energía al 100%. Así que hoy sí: ¡¡FELIZ 2012!!
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