5/8/10

Régimen feudal

Este texto está extraído del libro: LA EDAD MEDIA: SIGLOS V-XII, editado por la UNED. Cualquier parecido entre lo detallado a continuación y la realidad actual es producto de tu imaginación. O no.

"En el año 1020, Fulberto de Chrartres, dirigió una carta al duque Guillermo V de Aquitania en la que le exponía cuáles eran las obligaciones del vasallo hacia su señor y viceversa y que, como se decía antes respecto a los Diez Mandamientos, se encerraban en dos: auxilium y consilium.

El auxilium o ayuda que el vasallo está obligado a prestar a su señor, puede ser muy variado. En principio se trata de una ayuda de carácter militar -tanto de tipo defensivo como ofensivo (ostes)- tales como correrías de corte duración (cavalcatas), todo ello a título gratuito. Si en un principio no había límite de tiempo para este tipo de ayudas, después éste viene fijado, normalmente en cuarenta días, en función de la naturaleza del feudo recibido. Si la ayuda excede el límite fijado, el señor debe pagar un salario a su vasallo. El vasallo debe también prestar servicio de escolta personal, así como guardar el castillo del señor, contribuir monetariamente al rescate del señor prisionero, a la ceremonia de investidura del hijo mayo o a los gastos de la boda de la hija de su señor o a ayudarle económicamente si parte a la Cruzada, a testificar como co-jurado con su señor, etc."

30/7/10

Felicidad, ¡qué bonito nombre tienes!

Dos segundos de parón. Un pensamiento fugaz. Una sonrisa improvisada, imprevista. Una sonrisa regeneradora. Una sonrisa reconciliadora. Una sonrisa sincera. Una sonrisa de felicidad.

15/7/10

Deporte y política

La victoria de la selección española en el Mundial de Sudáfrica ha copado, como era de esperar, toda el interés mediático del país en los últimos días. Los medios de comunicación han realizado dos lecturas de este importante hito en la historia de la selección: la puramente deportiva y la política, que ya sabemos que mezclar ‘churras con merinas’ es la marca de la casa.

Los cronistas políticos no han perdido tiempo en contar su propia historia y sacar sus propias conclusiones de un evento deportivo. El resultado, evidentemente, no podría ser otro que infinitos artículos y reportajes casposos, manipuladores y cargados de demagogia. Ejemplos los hay en todos los lados y en todas las ideologías, pero bien podría servirnos éste de ejemplo.

A estas alturas de la historia, negar la realidad plural de España es de catetos. Pero lo más hipócrita es arrinconar e incluso insultar a aquellos que no celebraron la victoria de la selección simplemente porque no la sienten como suya. Acordarse de los demás para mal en las celebraciones de un éxito deportivo es una clara muestra de complejos.

En un rincón del Mundo en el que hasta ahora la gente tenía miedo de opinar por las repercusiones, he de reconocer que me agradó ver al gentío festejar sin complejos, aunque también reconozco que me asombró ver tanta bandera española ondear al viento tras años cogiendo polvo olvidada y/o escondida en un cajón. Cada cual es libre de sentirse de donde quiera, de donde haya nacido, de donde haya crecido, o donde se haya asentado. De donde haya mamado, o donde haya aprendido a hablar. Siempre desde el respeto. Esa es la máxima que me mueve, por lo que no pido perdón por no celebrar el triunfo de ‘la roja’. No es mi selección. Aunque no me importa que otros celebren, es más, como forofa de un equipo de fútbol, entiendo sus celebraciones, siempre que se muevan por unos principios de respeto.

Todos sabemos qué tipo de cazurros habitan este mundo aquí, en Madrid, y en Hawai. Pero limitar a una no tan pequeña minoría, como quieren hacer ver, a algo tan corto de miras es deleznable. Máxime cuando el resto del año llenan sus periódicos criticando a los que actúan así.

7/6/10

Por si acaso...

Los libros de Historia están llenos de relatos que ponen en manifiesto que lo que siempre ha movido a la humanidad es la avaricia. Las ansias de poder han movido corazones que han acabado, irremediablemente, heridos. En cualquier época, en cualquier lugar, en cualquier cultura. ¿Por qué, entonces, deberíamos creer en las personas?

Supongo que a veces es lo único que nos queda. La fe. Y es que, ¿qué pasaría si mereciera la pena creer y no lo hacemos? Nos estaríamos perdiendo tanto...

3/6/10

La cabra tira pa’l monte

Últimamente ando escasa de palabras en este rinconcito mío, mi ‘hitzen mundua’ particular. Los últimos meses han sido intensos, y algo raros también. Supongo que hasta para mí, amante del frío, la lluvia y la nieve, ha sido un invierno largo. 
A todos nos viene bien un cambio de vez en cuando. Será por eso que vivo con tanto entusiasmo estos primeros días de sol, playa y brisa marina. Son un soplo de energía y positivismo (¿más aún?). Sé que me cansaré pronto del calor, pero, de momento, disfruto de la playa y de vivir tan cerca del mar como para poder olerlo aún sin verlo. Uno de esos lujos que te reconcilian con la vida. 
Como decía, no me he prodigado mucho por aquí en los últimos tiempos. Tampoco es que haya abandonado el mundo de las palabras pero es que a veces las mejores palabras son las abandonadas, las fugaces, las que paran a descansar un rato en tu mente y prosiguen luego su viaje. Las palabras sin apeadero, como dijo Albertucho en aquella canción. 
Además, he estado concentrada en el mundo de las personas. Sí, qué le voy a hacer, de un tiempo a esta parte estoy aprendiendo a disfrutar del regalo del tiempo libre para mí. Fue todo culpa de una despedida, pero tengo la sensación de haberme llevado más de lo que me dejé y creo que eso es bueno, ¿no?
Aunque, no es menos cierto que el mundo de las personas no gira demasiado bien. En algún lugar hay algún tipo de escape por donde se pierde la cordura, la sensatez, la lógica y la inteligencia. No hace falta más que echar un vistazo a los medios para querer enterrar la cabeza de nuevo en este pequeñito mundo, este particular mundo de las palabras, donde todo es como yo pienso, yo escribo, yo imagino, yo sueño y yo quiero. ¿Egoísta? Puede. Pero que quieren que les diga, la cabra tira pa’l monte. Así que, aquí estoy, de nuevo. 

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