4/3/10

El gran 'Gabo'

"Nunca hice nada distinto de escribir, pero no tengo vocación ni virtud de narrador, ignoro por completo las leyes de la composición dramática, y si me he embarcado en esta empresa es porque confío en la luz de lo mucho que he leído en mi vida".



Memoria de mis putas tristes / Gabriel García Márquez

10/2/10

Pocas personas, demasiada gente

A estas alturas del paseo a nadie se la habrá escapado ya que el ser humano es egoísta por naturaleza. Una virtud que nos hemos encargado de transferir a la sociedad en la que sobrevivimos día a día, adoctrinados bajo la ley del más fuerte. Un lastre que ha hecho fracasar la máxima del “divide y vencerás”, una filosofía que justifica el egoísmo.

Y es que a nadie se acordó, después de tanto dividir, que había que sumar para poder obtener el progreso que supondría la victoria. Dividir ha significado una porción menor de problema, y así nos ha parecido más fácil y cómodo a todos. “Que cada palo aguante su vela”, otra de los enunciados preferidos del egoísmo.

Con muy buena fe levantamos las trincheras. Delante de cada problema pusimos su solución. Pero a cada trinchera le dimos un color, una reivindicación, un lema, un himno y hasta un idioma propio. Y sin darnos cuenta, hemos convertido cada batalla en una nueva guerra.

Así, el feminismo ha pedido la exclusividad de la lucha contra el machismo, aunque ha abierto su campo de batalla para poner en el objetivo de mira a todos aquellos que defienden la ‘igualdad’. Un término que, por otra parte, parece haberse anclado en esa eterna lucha de sexos, al menos institucionalmente. Entretanto, los racistas señalan la inmigración como fuente moral y social de muchos de nuestros males, mientras éstos apelan a la dignificad del ser humano y al estado de bienestar para poder sobrevivir lejos de sus países. Pasadas las revoluciones, los sindicatos se aburrían y se metieron en política. Ahora su guerra es la de otros, y los trabajadores luchan solos contra Golliat. Y mientras, cómo no, la Iglesia continúa con su cruzada, recordándonos, cada día, su superioridad moral a la hora de emitir juicios y opiniones que, además, según afirman, deben ser tenidas en cuenta por los más altos organismos. Siempre, eso sí, de la mano de la hipocresía.

Y entre tanto número y tanto sinsentido, es imposible recopilar los éxitos, si es que los ha habido, para sumarlos y vencer. Lo que queda después de tanto individualismo es una soledad que hace más patente el fracaso total de la sociedad en su conjunto. Me pregunto qué hubiera pasado, si ante tanta trinchera, se hubiera antepuesto una idea más humana de las personas. Sin sexo, sin ideología, sin religión, sin capacidad económica, sin raza, sin idioma. Sólo personas, ante personas.

16/11/09

Dortoken mendean

"Zenbat literatura azaltzeko
beharbada erlojuek baino
mila bider gehiago balio dezakeela
badoan denborak"
Dortoken mendean / Berri Txarrak

3/11/09

El abrazo más dulce

Abrió los ojos a tiempo para ver los primeros rayos del sol colarse por la persiana de su cuarto. Un recuerdo dulce llegó a su mente, los últimos resquicios de un sueño que ya se había esfumado. Era aún temprano, demasiado, pero estaba demasiado exultante como para seguir en la cama durmiendo. Era el primer día que iba a verle en mucho tiempo y sintió el estómago encogerse de los nervios. Recuperó mentalmente las horas de conversaciones telefónicas, de chat, mails, mensajes y demás vías de comunicación que habían mantenido abiertas en este tiempo. No había duda. Sí, hoy era un día feliz.

Horas después su mirada vagaba por el paisaje que el autobús se empeñaba en dejar atrás. Su mente, en cambio, se había embarcado en un viaje en el tiempo. Aleatoriamente saltaba al pasado, al presente y al futuro... a corto y a largo plazo. Se había prometido a sí misma mantenerse firme y no derretirse en sus brazos nada más verle. Pero sabía que no era fuerte y no se daba ninguna opción a si misma. Si algún día había sido orgullosa ya lo había olvidado.

Para ser fieles a la realidad, la duda asoló a su mente. Con un tono de voz similar al de su madre le recordó que él ya le había fallado. Él no sabía de respeto y ella no sería capaz de enseñárselo. El móvil sonó y sus palabras llegaron a tiempo para darle la espalda a esas incómodas dudas. 'Sí, ya estoy llegando'.

Efectivamente, no fue capaz de evitarlo. Se derritió nada más verlo. Había guardado en su memoria cada pequeño detalle de esa mirada, de esa sonrisa y de esos brazos demasiado tiempo. Ahora ya no eran un simple recuerdo. Fue el abrazo más dulce de su vida. A la larga sería el más triste. Porque también fue el último.

10/8/09

De crecer nada

Veinticinco suenan a importantes. Llegan de pronto y no puedes más que sonreír, algo angustiada, cuando todo el mundo te recuerda que es el primer día del resto de tu vida. De esa en la que se supone que tienes que coger las riendas y crecer, ser adulta por fin.

Miras para otro lado. Allí donde viven tus mejores momentos, tus mejores sueños. Y ves unas cuantas manos. No has llegado sola a esos veinticinco y desde ese rincón, tus compañeros de viaje te gritan que nada de crecer por el momento. Queda mucho por vivir aún, mucho por soñar, por disfrutar, por llorar y por reír. ¿Quién dice que somos mayores?

Y empiezas a contar. Veinticinco años han dado para mucho. Tantas cosas que recordar... Y prefieres esperar a que pasen otros 365 días para comenzar a planear aventuras de altos vuelos. De momento, prefieres seguir en la tierra. Eso de crecer puede esperar, al menos, otro año más. Y que te quiten lo 'bailao'.
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